Queimada

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INTRODUCCIÓN

Actualmente se conservan varios ritos de fuego cuyo origen se pierde en el pasado. Cada cuatro años los medios de comunicación nos muestran como el fuego olímpico viaja desde Grecia tras la sede para alumbrar desde el pebetero. Rememoran una tradición perdida, dónde el fuego era parte indisoluble de aquellos enfrentamientos deportivos. En los solsticios, aún hoy, se mantiene viva en algunos lugares del planeta la ancestral costumbre de las hogueras solsticiales, sobre todo las del verano, ya que las invernales han sucumbido bajo el peso de la cómoda electricidad y hoy en lugar de fuegos, nuestras calles se decoran con los múltiples colores de neón.

Quizás junto con estas hogueras solsticiales y el fuego olímpico, sea la queimada la tercera de las más antiguas tradiciones de fuego de nuestra civilización occidental. Es una misión imposible saber cuando comenzó a elaborarse la queimada, su origen se pierde entre las sombras del secreto impenetrable de las meigas. Guardada en la más estricta intimidad no vio la luz a la sociedad profana hasta mediados del siglo XX.

La queimada es una pócima pagana, mezcla de medicina y magia, con la que se curan los males del alma, esos males que los gallegos llamamos “meigallo” y los modernos psiquiatras llaman depresión. Es también un brebaje que usamos para espantar los malos espíritus o, como haremos hoy, para atraer a los buenos y grandes espíritus de entre las llamas para que nos acompañen en el duro peregrinar por la vida.

INGREDIENTES

En las culturas celtas, las llamadas culturas castreñas, desconocían la escritura y nos dejaron su herencia esculpida en la piedra, en los petroglifos abundan los símbolos espirales y sobre todos ellos destaca uno, el llamado TRISQUEL, es una especie de cruz con tres cabezas. Son muchas sus interpretaciones, pero la más común y extendida es que representa los tres elementos básicos de la vida del hombre: LA TIERRA, EL AGUA Y EL FUEGO.

Son los mismos tres elementos esenciales en los que se basa la primitiva queimada:

LA TIERRA: simbolizada en la queimadeira o pote de barro, esa tierra origen y destino del hombre, está presente en todas las culturas; La Tierra simbolizada en las diosas madres, Gea, Isthar o Pachamama.

EL AGUA: cada gota de aguardiente, representa una lágrima de la madre Tierra en forma de grano de uva, que se fundirá en nuestro cuerpo a través de la pócima. EL FUEGO: En el barro prendido en aguardiente se utilizará, como antaño, para purificar, alumbrar y calentar.

A esos tres elementos básicos de la naturaleza, a través de la historia se le han añadido nuevos elementos. Los frutos que el hombre con sus manos ha sabido arrancar a la Tierra.

Quizás el único genuino, común a todas las meigas, sea el chorro de MIEL que se añadía para dulcificar el trago del fuerte brebaje. Normalmente se depositaba en el fondo de la cazuela para que le diera ese sabor característico del caramelo. La miel, fruto del las abejas, simboliza mejor que ningún otro alimento el trabajo y la solidaridad entre los miembros de una misma especie. Hoy se elaboran infinidad de combinaciones, se utilizan nuevos productos que antiguamente no se empleaban, incluso algunos ni tan siquiera existían, ya que son productos foráneos, desconocidos en Galicia hace tan solo unos pocos siglos.

Veamos algunos de ellos:

AZÚCAR: Blanca y dulce, símbolo de la pureza y de la inocencia, endulza el brebaje y al beberlo nos ayuda a superar nuestra soberbia, envidia, y egoísmo. LIMÓN: Símbolo de los sinsabores de la rutina, la acritud de la vida, es la vacuna contra la amargura.

MANZANA: Símbolo de la condición humana, el pecado más deseado, aquel que Eva cometió en el Edén. La manzana le otorga a la queimada ese toque afrodisíaco.

Y CAFÉ: Exótico, símbolo de la universalidad y el mestizaje del hombre. Se echan siete granos para recordar que las fronteras de las siete provincias gallegas deben seguir abiertas para acoger en su seno a cuantos emigrantes y peregrinos llamen a sus puertas.

Uno por Modoñedo, otro por Betanzos, por Lugo el tercero. Otro por Tuy, un quinto por Ourense, otro por Coruña y un último por Compostela

EL RITO DEL FUEGO

Al principio era el caos, el hombre vivía en la oscuridad, en el paraíso de la ignorancia. Prometeo, su creador, lo observaba con tristeza, pues su obra humana no era tan vistosa como las flores, ni tan inmensa como los cielos. Y decidió robar a los dioses el fuego y a hurtadillas entregárselo al hombre para que se liberara de la oscuridad, fuera libre y descubriera la luz del conocimiento.

Los dioses enojados, condenaron a Prometeo a morir y renacer cada día e idearon a la mujer, intuitiva y curiosa. La denominada Pandora fue enviada junto a los hombres junto con un regalo: una cajita de plata con la prohibición expresa de que no descubriera su contenido. Pandora, con esa curiosidad femenina tan intuitiva, un día de solsticio de verano abrió la cajita de plata y de su interior manaron los males del mundo. La muerte, la envidia, el egoísmo y el miedo, sembrando entre los hombres la desconfianza.

Desde aquel día los hombres fueron percibiendo que jornada tras jornada el día se iba recortando y la noche se hacía más larga. El miedo a verse de nuevo condenados a la oscuridad eterna les animó a prender fuegos, querían ayudar al Sol a mantenerse vivo. Pandora volvió a mirar dentro de la cajita de plata y en una esquina, sola y tímida encontró agazapada la ESPERANZA. Y corrió hacia los hombres a decirles que no estaba todo perdido que aún les quedaba la esperanza.

Pandora se puso en camino hacia el lugar donde muere sol cada día, siguió el sendero que se dibuja por las noches en los cielos y que conduce hasta ese lugar donde el sol es engullido cada atardecer por el océano, esa tierra que los romanos llamaron FINIS-TÉRRAE frente al mar tenebroso, el ocaso del mundo.

Pandora llegó a Galicia observó que por fin el fuego regalo de Prometeo frenaba la caída de la luz, que el sol volvía a renacer día a día y llamaron a ese día solsticio de invierno. Desde entonces en todos los pueblos de la Tierra festejaban ese día del nuevo nacimiento de luz. Han pasado muchos años y lo hemos olvidado, ya no hacemos hogueras ni guardamos el fuego de ese día para que nos ilumine todo el año, hoy Iberdrola nos alumbra, hoy ponemos arbolitos con luces en Navidad, los comercios se iluminan con luces de neón.

Pero las mujeres gallegas, fieles a Prometeo guardaron el fuego unido a la tierra y al agua, en secreto, sin que los dioses del Olimpo se enteraran elaboraban queimadas en su hogares conjurándose con Pandora para no perder la esperanza. Así desde la noche de los tiempos esta pócima “milagreira” es empleada por ellas para curar las llagas del alma y mantener siempre viva la esperanza.

CONJURO

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.

Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida. Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas.

E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento. Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.

Que significa:

Buhos, lechuzas, sapos y brujas. Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas. Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas. Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas. Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos. Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo. Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.

Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida. Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida. Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas. ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas.

Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento. Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros en esta queimada.

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